Periodico_15/07/10_Tarde tranquila en el Raval
La primera audiencia pública de Assumpta Escarp como concejala de Ciutat Vella, su primer cara a cara con los vecinos, fue más reposado de la habitual
Assumpta Escarp, nombrada concejala de Ciutat Vella tras la dimisión de Itziar González y la destitución de Carles Martí, puede sentirse afortunada. Su primera audiencia pública en el convulso distrito o, lo que es lo mismo, el primer cara a cara con el vecindario más guerrero, aquel dispuesto a perder tres horas de una tarde de verano para luchar por lo que considera una causa justa, fue el martes de las más tranquilas de los últimos tiempos. Sin gritos ni pancartas con el otrora omnipresente «Volem un barri digne». Aunque hubo reproches, y no pocos –30 para ser exactos–, el tono fue calmado. Habrá que ver qué pasa en el segundo round, a la vuelta del verano, estación que suele cebarse con el maltratado distrito.
Y eso que la tarde prometía. Primera palabra para Maria Mas, presidenta de la asociación de vecinos del Casc Antic y una de las artífices de una de las imágenes más soñadas por los catalanes: ver a Fèlix Millet entre rejas. Con fina ironía, la líder vecinal instó a la concejala a «averiguar» la propiedad de las fincas de la calle de Sant Pere més Baix donde el saqueador del Palau tenía previsto construir un hotel de lujo, «para obligarle a quitar las redes que tapan las fachadas, llenas de porquería desde hace ocho años» (obviar que su propiedad es de Olivia Hotels es el principal motivo por el que el concejal Ramon García-Bragado ha sido imputado en el caso).
Si hubo dos nombres que se repitieron la tarde del martes en la sala Ernest Lluch de la sede del distrito, en el Raval, son los de la exconcejala Itziar González, que la mayoría de vecinos sigue recordando casi con veneración, y el de Emilia Llorca, dirigente vecinal de la Barceloneta que luchó contra la injusticia en el barrio desde la asociación L'Òstia y falleció en un accidente de tráfico el pasado diciembre. En muchas de las intervenciones los vecinos aprovecharon para insistir a Escarp en que conceda a la líder vecinal la medalla de honor de la ciudad a título póstumo, a lo que la concejala respondió que en la concesión de este reconocimiento «se busca siempre el máximo consenso», y que los otros candidatos «reunían más apoyos».
Defensa de la ordenanza
La concejala –que cambió el funcionamiento de la sesión y esperó a que los 30 vecinos que habían solicitado la palabra hablaran antes de dar ella las 30 réplicas de un tirón–oyó las clásicas (y el martes moderadas) quejas sobre incivismo, delincuencia, acoso inmobiliario, pisos patera y apartamentos turísticos –males endémicos del lugar– y sacó las garras fue cuando fue acusada de «criminalizar la pobreza» mediante su ordenanza cívica, algo que negó con la firmeza que la caracteriza.

